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Tu médico y tú

By on abr 7, 2014 in crohn | 0 comments

Cualquier paciente crónico desarrolla una relación especial con su médico. No sólo porque le ves muchas más veces que un paciente “normal” sino también porque, en mayor medida, sientes que dependes de él o ella y eso puede ser muy jodido si la relación no termina de funcionar. Sin embargo, cuando das con un buen profesional (en mi caso las dos doctoras que me han tratado durante periodos de tiempo más prolongados) tienes una tranquilidad enorme.

Hay que tener en cuenta que a los “retrones” del Crohn normalmente nos tratan en el hospital los especialistas de digestivo (o de unidades especializadas en Inflamatorias Intestinales, que las hay)  y que, con el diseño actual de la atención sanitaria en la Comunidad de Madrid, tu médico de familia tenderá a verte sólo cuando te cambien el tratamiento o cuando, como cualquier otra cartilla, te resfríes o se inflame el oído.

Por eso, es razonable buscar un especialista que te genere confianza y con quien estés a gusto. Cada uno se sentirá a gusto con distintos tipos de médico pero es bueno analizar las raíces de comodidad/incomodidad porque, en ocasiones, les pedimos a los médicos cosas que no son racionales. Tu médico no es un chamán ni un semi Dios con poderes mágicos. Tu médico puede generarte mucha confianza y no ser infalible. Un médico no tiene la obligación de acertar siempre a la primera, ni tampoco de curarte nada más cruzar la puerta. Si le pedimos a los médicos cosas imposibles, nunca estarán a la altura de nuestras expectativas, nos frustraremos constantemente y nos enfadaremos pensando que “no nos atienden bien”.

Tu médico tiene que ser amable pero no tiene por qué ser un colega, ni un hermano, ni un amigo. Las dos especialistas de digestivo que me han atendido en estos años han sido siempre educadísimas, me han escuchado con atención y me han atendido siempre que lo he necesitado pero eso no quiere decir que me hayan contado chistes ni me hayan hecho partícipes de su vida privada. Han sido dos médicas maravillosas. Punto.

Tu médico tiene que explicarte todo aquello que tú quieras que te explique. Y fíjate bien porque este es una de las variables que más cambia de un paciente a otro. Hay gente a la que contarle que la Azatioprina (Imurel) eleva el riesgo de un cierto tipo de cáncer, le provoca auténtico pánico. Yo, personalmente, prefiero que me lo expliquen e incluso que, llegado el caso, me pasen los datos para tomar una decisión lo más objetiva posible pero tu médico tiene que tener la capacidad de discernir qué tipo de paciente eres y, si él o ella no lo consigue, tú le puedes ayudar explicándoselo y diciendo qué cosas prefieres saber, cuales no y, desde luego, pidiéndole que te explique todo lo que no entiendas de forma comprensible.

Por eso, yo he huído toda mi vida de los médicos que te tratan como si fueses idiota. O que no te explican absolutamente nada o, incluso peor, que lo hacen escudándose en un lenguaje deliberadamente críptico y que saben que no estás entendiendo. El médico, como el economista o el técnico de televisión, sabe explicar lo que sabe con un lenguaje comprensible cuando quiere y ocultarse detrás de la “jerga” profesional cuando no quiere ser entendido. No le dejes. En una enfermedad tan larga como el Crohn tu derecho a saber es muy importante.

Huyo también de los médicos con demasiado ego. Aún recuerdo con horror el día que fui a ver a un especialista recomendado sinceramente por un amigo  -¿Será casualidad que el especialista fuese hombre?- y, al anunciarle que en mi hospital estaban estudiando ponerme inmunosupresores biológicos me espetó –Uf, biológicos. Ningún paciente mío ha necesitado nunca “eso”–. Esto es, si tu médico cree que el único factor que determina cómo evoluciona una enfermedad compleja como el Crohn es estar “bajo su manto protector”, huye educadamente de allí y alégrate de estar en tan buenas manos.

Por último, la red está llena de consejos con estereotipos que me niego a comentar “Huye de los médicos jóvenes”, “Que sea español”, “Que sea hombre”, “Que sea mujer”. Sinceramente, busca un médico con el que te comuniques bien, que esté razonablemente al día y que te transmita confianza pero, sobre todo, entiende que tu médico, como tú cuando llegas a clase o corriges un examen, a veces comete errores y eso no le convierte en un mal médico, sólo en un ser humano.

Y, sobre todo, no te olvides que en una enfermedad crónica como el Crohn tú tienes tanta responsabilidad sobre la evolución de la misma como tus sucesivos especialistas. Adhiérete al tratamiento, aprende a conocer tu tubo digestivo y cómo y cuándo se “mosquea” y, sobre todo, entiende que es una enfermedad sin atajos milagrosos y que requiere altas dosis de paciencia.

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