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De baños y hombres

By on dic 13, 2014 in crohn | 0 comments

Sí, ya sé lo que pensaréis muchos. Joder, un año sin escribir y cuando vuelve a la carga lo hace para hablar de wáteres.

Pues sí.

Pero es que para los enfermos de Crohn los WC son más importantes que el anillo de Mordor, la fuerza de los Jedi o el resultado del próximo Madrid-Barça por mencionar algo realmente importante.

Veréis, yo no puedo hablar por el resto de enfermos de Crohn pero yo, en particular, tengo un problema y es que cuando de mis labios sale un “me cago” –así, con todas sus  letras–, es más bien ME CAGOOOOOOOOO.

Que voy de varas, que me asoma la tortuguita, que me vienen los pujos eléctricos, que me da un cólico, un telele, un apretón, los siete males;  llamadlo como queráis pero dadme acceso a un cuarto de baño y quitaos de en medio.

Y eso, en España, es un problema tremendo porque no hay baños públicos en casi ningún lado: ni en el Metro, ni en buena parte de las estaciones… Incluso hay unas unidades de cercanías apodada “dodotis” por carecer de WC.

Por eso, cada poco tiempo entro a un bar, pálido, con temblores en las rodillas, pido una tila y salgo a la carrera en dirección al cuarto de baño. A la salida, si me queda cuerpo, me tomo la tila y la pago. Si no, la pago y la dejo sin tocar. Es una estrategia que desarrollé hace años para evitar discusiones pero no siempre funciona.

Hay quien se indigna porque “una tila no da derecho a usar el baño diez minutos; que a saber cómo lo has dejado” pero también está el que te dice que no tenías que pedir nada, que para emergencias puedes usar su baño siempre que haga falta.

Lo cierto es que el bar es suyo y suya es también la potestad de actuar como auténticos gilipollas o como un ser humano decente.

La pregunta que invariablemente surge es: ¿Tan difícil sería tener una red pública de servicios?

El otro día iba yo en el metro volviendo de Sol a Sierra de Guadalupe cuando mi organismo me anunció que yo no llegaba a Sierra de Guadalupe. Recordando que en Atocha había unos WC medio decentes, me bajé y corrí como un poseso (concretamente, como un poseso que se caga bastante). Cual no sería mi sorpresa al descubrir que ahora los baños de Atocha parecen un bar de diseño, se llaman 2theloo y cuestan 0,60€ con independencia de lo que hagas dentro.

Evidentemente, yo no estaba en situación de negociar así que pagué, corrí y cumplí con mis obligaciones intestinales como es debido.

Pero se me ocurrieron varias reflexiones. La primera, que me había costado 0,90€ menos cagar de lo que me habría costado habitualmente si hubiese recurrido a un bar. La segunda, que el baño estaba más limpio y mejor montado que cualquier baño de cualquier bar en el que yo haya irrumpido al grito de “A mi Sabino, que los arrollo”, incluyendo restaurantes caros, un par de cadenas de comida rápida y un asador que hay cerca de mi casa donde ya me conocen como “el apretones”.

La tercera que todo habría sido perfecto si no fuese porque alguien había considerado que cagar sin música no es cagar y, consecuentemente, tuve que soportar un bafle a toda tralla durante todo el proceso, lanzando éxitos de algo que venía a ser como el resultado de que una ballena pariendo hiciese coros con un DJ de Chill Out rancio.

Pero, sobre todo, y aquí voy al meollo de la cuestión, que no entiendo si para una empresa privada es rentable tener montada una discoteca con tazas de water monas a 0,60€ la deposición (tienen incluso abonos para usuarios frecuentes aunque, si yo fuese ellos, estudiaría seriamente no llamarle “abono” viendo su area de negocio) ¿Por qué carajo no lo es para la administración, Metro de Madrid, Renfe?

En serio. A mi no me importa pagar 0,60€ pero me repatea pagárselo a una empresa privada cuando podría dar el mismo servicio una empresa pública. Y darlo no sólo en una estación de Madrid sino en todas, en el metro, en los lugares más concurridos del centro, etc, etc.

Habrá quien me diga que lo ideal es que fuesen gratis. Estoy de acuerdo. Pero también sé que vivimos en un país de guarros en el que, si no pagas nada, la tendencia a destrozar el WC se multiplica exponencialmente.

Lo que también sé es que sería un alivio para todos -para mi, para los dueños del asador de al lado de casa, para los que tienen que esperar mientras yo batallo con mi tenesmo intestinal en locales con un solo inodoro- si hubiese una red más amplia de servicios que la que hay. Si además cada WC tuviese un botón para desconectar el maldito hilo musical, ya sería una auténtica maravilla.

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