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La incertidumbre

By on jun 12, 2016 in crohn | 0 comments

Cuando tenía 16 años, al estudiar COU,  me fascinó descubrir a Hume y su visión de las creencias. Según su sistema filosófico, los humanos vivíamos asumiendo que determinados acontecimientos iban a producirse por la fuerza de la costumbre. Asumíamos que el sol iba a salir cada mañana por el horizonte pero, en realidad, el ser humano medio, no tiene forma de saber si va a ser así o una horrible catástrofe estelar va a poner fin a la vida del Sol (y de nuestras vidas, claro) a lo largo de las próximas horas. Desde que soy enfermo crónico, una de las cosas con las que he tenido que aprender a convivir es con un sistema de creencias más reducido que el que tenía antes. Cuando eres un “chico sano”, crees que te podrás ir de vacaciones en septiembre porque “¿qué podría pasar que te lo impidiera?”. Una vez que eres enfermo crónico, siempre hay una respuesta posible a esa pregunta que te ronda...

Todos somos Placebo

By on jun 11, 2016 in crohn | 1 comment

El efecto Placebo tiene muy mala prensa. Se diría que sólo lo sufren los tontos, los incultos y el grupo de control de los ensayos clínicos, que para eso les pagan. Pues no, resulta que al grupo de control no se le paga (en Europa al menos no o, al menos, no se debería) y que el efecto Placebo lo podemos experimentar todos, al menos en potencia. Desde luego, muchos enfermos crónicos entramos en la categoría de pacientes “pendientes de sus síntomas” y que, por el mero hecho de estarlo, son un poco más susceptibles al efecto placebo. ¿Por qué? Porque cuando te has acostumbrado a evaluar tus deposiciones, tus dolores, tus sensaciones corporales día a día es muy frecuente observar variaciones y resulta extremadamente sencillo atribuir ese cambio a un acto médico, a un fármaco o a la ingesta de tal o cual alimento. El problema es que el cuerpo humano es una maquinita muy compleja...

Se busca equipo

By on may 30, 2016 in cosas | 0 comments

Este pasado fin de semana millones de personas se han sentido morir –literalmente– o tocar el cielo en función del resultado de un partido de fútbol. He oído a mis vecinos gritarle al televisor, aullar por las ventanas y todos hemos visto a gente perfectamente normal dar muestras de un comportamiento que, examinado objetivamente, podría ser confundido con histeria colectiva o epilepsia. Y sin embargo, éste no va a ser un post para criticarles, ni para decir que me parece mal toda la energía dedicada al fútbol, no. A mí lo que me da todo esto es mucha envidia. Pero mucha. Porque jamás he conseguido sentirme parte de esas instituciones colectivas que hacen que la gente grite y se exalte. Ni el fútbol, ni el baloncesto, ni el ciclismo me han hecho nunca pegarle un grito al televisor. Pero tampoco unas elecciones han conseguido que me convierta en un ferviente defensor de tales o cuales...