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	<title>Blog &#187; cosas</title>
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	<description>Jaime Bartolomé</description>
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		<title>Gracias, Antonio</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Nov 2021 10:33:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Antonio Malonda]]></category>
		<category><![CDATA[sentido del humor]]></category>
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		<description><![CDATA[Dicen que puedes reconocer a la gente realmente importa [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Dicen que puedes reconocer a la gente realmente importante en tu vida porque, en algún momento, llegas a sentir que les debes tu existencia, tu vida entera. Ayer se murió Antonio Malonda, maestro, amigo, socio y también montañista despistado. Allá por 1986, Antonio se perdió conmigo, con su hija y su sobrina por las laderas de los Pirineos y, definitivamente, me hizo sentir que mi vida entera dependía de él.</p>
<p>Naturalmente, nunca debimos estar tan perdidos como nosotros sentimos en aquel momento ya que, al cabo de un rato, encontramos la carretera y fuimos “rescatados” por un conductor amigo que decidió que aquel señor sexagenario con tres niños de entre 7 y 10 años estaba fuera de lugar en el arcén de la Nacional 330.</p>
<p>Antonio convirtió aquellas horas (¿O fueron minutos?) perdidos por la montaña en un juego en el que de repente íbamos hacia arriba y de repente íbamos hacia abajo. A la manera del Benigni de <i>La vida es bella</i>, Antonio era alguien que siempre encontraba la forma de convertir un rato a su lado en un juego, una gymkana o una sucesión de volteretas imposibles.</p>
<p><a href="http://www.jaimebartolome.es/wp-content/uploads/2021/11/MALONDA.jpeg"><img class="aligncenter size-full wp-image-278" alt="MALONDA" src="http://www.jaimebartolome.es/wp-content/uploads/2021/11/MALONDA.jpeg" width="1280" height="720" /></a></p>
<p>Amigo de mis padres desde antes de que yo naciese, Antonio y Yolanda eran de esos amigos a cuya casa siempre estaba dispuesto a ir. No sólo porque supiese que me iba a divertir con sus dos hijas, que luego se convirtieron en amigas, en socias, en parte imprescindible de mi vida; sino, sobre todo, porque sabía que con Antonio tenía la diversión garantizada. En cualquier reunión social, Antonio siempre era el más niño de todos los adultos y el más adulto de todos los niños.</p>
<p>Si ibas a su lado caminando por la montaña, era capaz de sorprendente trotando ladera arriba por las escarpadas cuestas de Cueva Valiente cuando nadie lo esperaba y cuando el resto de los excursionistas –15 o 20 años más jóvenes que él en su mayoría– iban ya desfondados y suplicando un traguito de vino para poder seguir con la ascensión.</p>
<p>Años después, Antonio y Yolanda me propusieron formar parte del que ha sido mi proyecto vital más acojonante, estimulante y aventurero: Bululú 2120, una escuela de interpretación donde nos partimos la cara por formar a los actores y a las actrices de forma lúdica, creativa y dotándoles de autonomía. Donde llevamos dos décadas yendo a contracorriente de la basura mediática que medios como “El País” lanzan continuamente donde los actores deben ser seres sufrientes, dolientes y sometidos a procesos de introspección absurdos e innecesarios. De nuevo, mi vida entera pasaba a depender de Antonio y Yolanda.</p>
<p>De nuevo, perdido en la montaña de gestionar una PYME cultural en un país como el nuestro, me veía obligado a jugar, a alternar los descensos temerarios con las subidas escarpadas. Y todo gracias a Antonio.</p>
<p>Sólo otras dos personas han tenido un impacto comparable al de Antonio y los tres tienen en común que me enseñaron la importancia del sentido del humor para superar esta vida –puta vida– con una sonrisa.  Una de esas personas me hizo pasar veinte minutos muy malos agarrado a unos juncos en un pequeño lago de Irlanda, allá por 1981, y, desde entonces, siempre me ha regalado los mejores minutos, las mejores horas de mi vida cuando he tenido el lujo de pasar un rato a su lado. Con un sentido del humor y una capacidad para contar historias inigualable, podría haber pasado su vida sobre los escenarios, pero optó por la administración. Hasta en eso, sin saberlo, me dio alguna pista.</p>
<p>La otra persona que me ha marcado al mismo nivel vive al sur, mucho más al sur, pero sin él saberlo me salvó la vida cuando yo tenía 13 años y me regaló su sentido del humor al emparejarse con mi tía Susana. Yo estaba pasando una adolescencia jodida y él, sin darse cuenta, sólo con su ejemplo y sin darse ninguna importancia, me permitió afinar la herramienta que me ha permtido llegar hasta el día de hoy: el sentido del humor y la auto-ironía.</p>
<p>Gracias a los tres, soy el adulto que soy hoy: más o menos funcional, más o menos exitoso pero rotundamente feliz.</p>
<p>Quizás por eso, porque se me ha ido uno de mis referentes, siento esta necesidad enorme de, a día de hoy, dejar aquí este mensaje: abrazad a quienes os salvan la vida porque, como quien no quiere la cosa, seguramente os la están poniendo patas arriba, para bien.</p>
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		<title>Tormenta inalámbrica</title>
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		<pubDate>Sat, 02 May 2020 08:48:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Relatos de cine]]></category>
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		<description><![CDATA[Al desenvolver su bocadillo, Dani no pudo evitar pensar que, en el fondo, la inmobiliaria sería muy grande pero el bocadillo era de mortadela. De fondo, se escuchaba a los actores y actrices conversar unos con otros, mientras la dentadura de Dani se esforzaba por superar el límite elástico de un pan que había conocido tiempos mejores.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando llegó la hora del bocadillo, Dani miró por última vez a través del monitor de la cámara tres a Marta. Definitivamente, esa chica tenía algo especial. No era sólo que fuese buena actriz –que lo era– sino que además era inteligente, divertida y asumía con filosofía y entereza que iban a pasar la semana entera encerrados rodando una <i>sitcom </i>para una inmobiliaria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A Dani, encerrado en el control de realización y a los mandos del mezclador durante lo que sin duda iba a ser una larguísima jornada, se le ocurrió que la mejor estrategia posible para evitar que se le notase lo mucho que le gustaba Marta era quedarse a solas en el control de realización.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso decidió coger su bocadillo y encerrarse a solas, para así permitir que su cabeza se despejase del infierno que habían sido las primeras tres horas de grabación.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquello era sólo un capítulo de una sitcom grabada para una gran inmobiliaria pero el director se comportaba como si estuviesen todos rodando la próxima candidata a los Oscar. Los actores y actrices estaban estresadísimos –incapaces de entender por qué el director chillaba tanto mientras ellos interpretaban un texto insulso que sólo pretendía formar a los empleados del banco en la forma correcta de desalojar okupas de sus preciosos inmuebles– y se miraban unos a otros con la incredulidad que da saber que, aunque te están pagando por tu trabajo, nadie te está pagando tanto como para aguantar un imbécil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al desenvolver su bocadillo, Dani no pudo evitar pensar que, en el fondo, la inmobiliaria sería muy grande pero el bocadillo era de mortadela. De fondo, se escuchaba a los actores y actrices conversar unos con otros, mientras la dentadura de Dani se esforzaba por superar el límite elástico de un pan que había conocido tiempos mejores. Sonido había dejado los micrófonos inalámbricos que llevaba cada actor encendidos y, a través de los altavoces, llegaba un suave murmullo de conversaciones que ayudaba a Dani a olvidar que aún le quedaban otras siete horas de trabajo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De repente, ese murmullo se vio interrumpido por un sonido inconfundible y Dani tuvo que dejar de masticar. Una flatulencia se había colado de forma clara en medio de aquellas conversaciones. No era una flatulencia ligera, liviana, un gasecito producto de alguna combinación inadecuada de bacterias. No. Aquello era un terremoto gástrico; una conmoción gasesosa producto de la descomposición durante horas de varios kilos de alimentos en el interior; quien sabe si el síntoma de una enfermedad gravísima, seguramente mortal, que trataba de manifestarse a través de la acumulación excesiva de metano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dani dejo el bocadillo sobre la mesa de realización y a la flatulencia le siguió otra. Y otra más, cada una mayor que la anterior. Y muy pronto el sonido inconfundible de las deposiciones al caer en el agua del inodoro. No había duda. Alguno de los actores había ido al baño y había olvidado quitarse el micrófono inalámbrico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dani sabía lo que tenía que hacer. Se levantó, se sentó frente al mezclador de sonido y empezó a bajar uno a uno los faders de la mesa de mezclas, cada canal etiquetado con mimo con el nombre de un miembro del reparto. Antonio. Fuera. Marcos. Fuera. Tania. Fuera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A medida que Dani iba bajando los faders, los ruidos iban empeorando. Aquello era una diarrea monumental, casi apocalíptica. Lo que estaba escuchando Dani era el intento de un intestino por suicidarse dentro de la taza de un inodoro; la bomba de Hiroshima de las disbiosis bacterianas; la versión intestinal de la erupción del Karakatoa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y como no podía ser de otra manera, el rugido del apocalipsis intestinal acompañó a Dani durante los treinta segundos largos que tardó en bajar los ocho faders de la mesa. Porque el azar quiso que la titular del micrófono indiscreto estuviese la última de la lista de faders y, puestos a jugar con la casualidad, la caprichosa diosa fortuna quiso que se tratase de Marta.</p>
<p><a href="http://www.jaimebartolome.es/wp-content/uploads/2020/05/Depositphotos_199658422_xl-20151.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-270" alt="Sonido directo cine" src="http://www.jaimebartolome.es/wp-content/uploads/2020/05/Depositphotos_199658422_xl-20151.jpg" width="1200" height="800" /></a></p>
<p>Aquello no cambiaba para nada sus sentimientos hacia Marta –al fin y al cabo, Dani tenía una edad y asumía con naturalidad que todos los organismos vivos, de una forma u otra, excretan los nutrientes no aprovechables fuera de su organismo. La duda que asaltaba a Dani era: «¿Debía contárselo algún día? ¿Quizás dentro de muchos años, cuando tengamos nietos y bisnietos?»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dani bajó el último fader justo a tiempo de ver entrar por la puerta a su compañero Carlos que le preguntó –¿Qué? ¿Qué tal el bocata?</p>
<p>–Nada, me lo he dejado a medias. No tengo hambre –mintió Dani.</p>
<p>–Debes ser el único, tío.</p>
<p>–Ya ves. Soy así de raro. ¿Lo quieres?</p>
<p>Carlos ni siquiera se dio tiempo a sí mismo para responder y se limitó a agarrar el resto chicloso de bocadillo y metérselo en la boca como si fuese el último resto de comida disponible sobre la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y los dos se quedaron mirándose en silencio. Dani, satisfecho por haber salvado la honra de su actriz favorita; Carlos ignorante de que, con un leve movimiento de su dedo índice, Dani le podía dejar sin hambre para las próximas cuatro horas.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Para no volver (Autora invitada)</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Feb 2019 15:17:57 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Y al ritmo de un tango se escaparon los besos y con cad [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div>Y al ritmo de un tango se escaparon los besos y con cada paso aprendido se escribía un te quiero.</div>
<div>Son amores fugaces que llenan los huecos y prenden sonrisas donde faltan los hechos. No hay futuro posible, ni siquiera en un sueño, pero son encuentros que vivirán en mi recuerdo.</div>
<div>Una isla, un mar, un avión  o un metro, se que no volverás pero me aferro al deseo. Si fuera real no sería tan bello, por eso huí cuando aún era cierto.</div>
<div>Cuando necesite volar, amor, me agarraré a estas alas que sin querer me diste</div>
<div>para que al pensarte escapara y no quisiera volver adonde una vez fuiste.</div>
<div>E.C.F.</div>
<div></div>
<div><em>Entrada publicada en San Valentín, por la misteriosa E.C.F, invitada del autor del blog. El que haya huido de ella que se arrepienta inmediatamente, pues a un servidor no se le ocurre tontería mayor en este mundo. </em></div>
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		<title>Quinientos pasos</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Feb 2017 22:31:07 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Mientras metía un punto más de regulador, Manolo fijó su vista en los carriles. Aquel brillo no presagiaba nada bueno. Llovía sin parar desde hacía varios días y las rampas pasado Teixeiro ya le habían dejado tirado varias veces.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Mientras metía un punto más de regulador, Manolo fijó su vista en los carriles. Aquel brillo no presagiaba nada bueno. Llovía sin parar desde hacía varios días y las rampas pasado Teixeiro ya le habían dejado tirado varias veces. La &#8220;mil novecientos&#8221; era una buena locomotora pero setecientas toneladas de carbón eran muchas toneladas. El acero pulido de los carriles no ayudaba; con la lluvia y el frío, las ruedas se resistían a traccionar y en ocasiones no quedaba otra que darse por vencido y esperar a que vinieran a darle doble tracción desde Monforte.</p>
<p>Por eso, cuando vio la señal avanzada de Teixeiro en verde, metió otro punto de regulador y escuchó los motores rugir a sus espaldas. Él cenaba en casa esa noche por cojones. La estación de Teixeiro se acercaba a buena velocidad y tardó unos segundos en verle; era una silueta apenas visible bajo la lluvia, un cuerpo al borde del andén con aire de estar esperando un tren. ¿Qué tren? -pensó Manolo -Si no hay regionales hasta mañana.</p>
<p>Y, justo en ese instante, lo entendió. No tuvo tiempo de reaccionar. La sombra saltó a la vía, justo frente a sus faros y, para cuando él aporreó la &#8220;seta&#8221;, ya hacía un par de segundos que el bulto había desaparecido bajo sus ruedas. Escuchó a los frenos luchar contra la inercia unos larguísimos segundos. Diez, veinte&#8230; Toda esa inercia que antes era su aliada ahora alejaba el tren varios centenares de metros del punto al que, según el protocolo, debía volver para inspeccionar la vía.</p>
<p>Puto horror. Con el último quejido de los frenos, Manolo dio aviso al CTC y se dispuso a coger su chaleco y la linterna.</p>
<p>Le tocaba recorrer casi quinientos metros hasta el lugar del arrollamiento. Quinientos pasos para imaginarse lo que iba a encontrar; desde las amputaciones más dantescas hasta las muertes más idiotas.</p>
<p>A medida que se acercaba, se sorprendió al ver que la figura parecía estar muy entera, justo entre los dos carriles. Unos metros más atrás las señales de cola del último vagón parpadeaban bajo la lluvia y, a lo lejos, empezaban a oírse las sirenas de los servicios de emergencia.</p>
<p>Estaba ya a solo unos metros cuando le vio mover el brazo. &#8220;La madre que lo parió -pensó Manolo- el muy cabrón está vivo&#8221;. Y al llegar a su lado vio que, efectivamente, tenía una brecha enorme, pero movía un poco una mano y respiraba perfectamente.</p>
<p>Los técnicos de la UVI móvil lo confirmaron: aquel anciano había sobrevivido a ser sobrepasado por una locomotora y diez tolvas de mineral leonés. Ni una sola vez, durante todo el recorrido a pie, se le había ocurrido está posibilidad. Quinientos pasos para considerar las mejores y peores opciones y jamás habría pensado en ésta.</p>
<p>Definitivamente Manolo iba a cenar tarde esa noche.</p>
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		<title>Intolerancia</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Jun 2016 16:13:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Elecciones]]></category>
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		<description><![CDATA[Decidir que nuestra visión del mundo es “la buena” y la de los otros “la mala” es un primer paso en una dirección muy jodida. ]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Llevo 24 horas alucinado. Y no, no es porque siete millones de españoles hayan votado al PP y éste haya ganado 14 escaños, es porque, desde anoche, las redes sociales de mis amigos y conocidos se llenan con un mensaje unívoco: “Los votantes del PP son gilipollas”. Y me tiene alucinado porque, sinceramente, creía que compartía el mundo con gente que creía en la democracia y en el respeto a los demás, fuese cual fuese su ideología.</p>
<p>Los que me conocéis sabéis que a mí el PP no me gusta; no me gustan sus políticas, no me gustan sus líderes y me apesta el tufo a corrupción que desprende desde hace unos años pero, dicho esto, sus votantes tienen todo el derecho del mundo a votarles y nosotros deberíamos centrarnos más en la autocrítica que afirmar sin dudarlo que siete millones de españoles son gilipollas.</p>
<p>Sobre todo porque la opción a la que yo voté ni es perfecta ni se acerca a serlo. ¿Es mejor que el PP? Desde luego a mí me parece “menos mala” pero seguro que habrá quien discrepe. Su líder tiene ramalazos autoritarios (como él del PP), su organización interna deja mucho que desear y no es tan democrática como debiera (aunque lo sea más que la del PP) y su programa se compone a partes iguales de “wishful thinking” y medidas populistas cuya eficacia económica es más que dudosa (¡Caramba qué coincidencia: como él del PP!)</p>
<p>¿Y por qué les he votado? Porque no me gusta lo que puede hacer el PP con lo que queda del estado del bienestar ni lo que pueda pasar con la economía (sí, la economía) si esta panda de torpes siguen gobernándonos y, en contra de lo que dice el refranero, prefiero lo bueno por conocer a lo malo conocido.</p>
<p>Pero puedo entender perfectamente que haya alguien a quien mi opción le dé miedo, grima y hasta repelús. Incluso puede pasar que las demás opciones no le parezcan bien y termine votando al PP como “un mal menor”. Aún siendo corruptos, sí. Aún siendo unos inútiles, claro que sí. ¿Por qué no? ¿Hay algún artículo de la constitución en que se diga que hay que tener cuenta en twitter para votar? ¿O puntuar más allá del 5 en la escala ideológica?</p>
<p>Todos nos construimos una imagen del mundo de acuerdo con la información que recibimos acerca de él. Igual que a nosotros nos parece que “todo el mundo quiere un cambio” porque vivimos en Madrid, nos leemos en Twitter y Facebook y nos encontramos en locales de La Latina (vale, yo no pero me entendéis), a la Señora Antonia le parece que “estos chicos lo hacen bien” porque es lo que lee en el ABC, lo que se comenta en el bar de su barrio/pueblo/aldea y lo que todo el mundo le dice.</p>
<p>Decidir que nuestra visión del mundo es “la buena” y la de los otros “la mala” es un primer paso en una dirección muy jodida. Sobre todo cuando luego llenamos las redes sociales de mensajes exigiendo a nuestros políticos que “lleguen a acuerdos” y “se entiendan”. “Entenderse” no consiste en que los otros nos den la razón y reconozcan lo equivocadísimos que estaban: eso es una conversión religiosa y, según me cuentan los entendidos, son muy poco frecuentes.</p>
<div id="attachment_240" class="wp-caption aligncenter" style="width: 578px"><a href="http://www.jaimebartolome.es/wp-content/uploads/2016/06/16iq6x.jpg"><img class="size-full wp-image-240" alt="Vale, es una exageración pero es lo único que me ha faltado leer estos días. " src="http://www.jaimebartolome.es/wp-content/uploads/2016/06/16iq6x.jpg" width="568" height="335" /></a><p class="wp-caption-text">Vale, es una exageración pero es lo único que me ha faltado leer estos días.</p></div>
<p>“Entenderse” consiste en escuchar al otro, entender en qué puede basarse su punto de vista y tratar de llegar a acuerdos. Por eso, antes de colgar el próximo mensaje poniendo a caldo a otros desconocidos por haber votado la opción a, b o c, paraos un segundo y responded a este rápido cuestionario:</p>
<ul>
<li>¿De verdad te parece que la España Urbanita e intelectual es “naturalmente” superior a la España rural, a la España de provincias o a la España de la periferia?</li>
<li>¿De verdad te parece impensable que otros piensen de manera diferente a la tuya y obren en consecuencia?</li>
<li>¿De verdad eres partidario del sufragio restrictivo y no universal?</li>
</ul>
<p>Si la respuesta a estas tres preguntas es que sí, enhorabuena, tienes un serio problema de falta de empatía y, en caso de que te interese, te diré que no me interesa un cojón participar en ningún cambio (ni político ni de ningún otro tipo) a tu lado. Sigue así y en las próximas elecciones a lo mejor el PP tiene otro millón de votos. ¡Buen trabajo!</p>
<p>Si, por el contrario, a alguna respondes que sí y a otras respondes que no, creo que lo que tienes es un calentón postelectoral. Te puedo entender perfectamente porque llevo toda mi puta vida votando a partidos que pierden pero, párate un segundo y mírate en el espejo: ¿De verdad con 90 diputados de unos y 80 de otros íbamos a protagonizar el megacambio de la releche e íbamos a doblegar al IBEX, la CEOE, la UE, a los bancos y hasta a los comerciales de Jazztel? ¿De verdad? ¿O en realidad íbamos a ir cambiando poquito a poquito, detalle aquí detalle allí, no sin poco esfuerzo y aspirando siempre a un proyecto a más largo plazo?</p>
<p>Rebaja tus expectativas, respira hondo y, si crees que ese cambio es tan urgente, sal a la calle y empieza a trabajar por él dentro de tus posibilidades, desde las siglas que te resulten más cómodas, adoptando un perro o montando en bici pero, sobre todo, no hagas de las redes sociales tu única actividad política y no hagas de la intolerancia tu bandera.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<item>
		<title>¿Por qué dejé de leer El País?</title>
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		<pubDate>Sun, 19 Jun 2016 14:09:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Yo crecí en una de esas casas “progres” en las que entr [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Yo crecí en una de esas casas “progres” en las que entraba El País todos los días. Desde mi más tierna infancia, aprendí a buscar el “hueco” para leerme las secciones que más me interesaban. Empecé copiándome listas de ciclistas del Tour de Francia para hacer chapas y terminé leyéndome el diario de pe a pa y buscando a algunos de mis columnistas favoritos entre sus páginas: Maruja Torres, Vázquez Montalbán, Millás o incluso los “tintos de verano” de Elvira Lindo.</p>
<p>Esto no quiere decir que considerase que era el periódico perfecto. El diario tenía un marcado sesgo pro PSOE e incluso, dentro de éste, tomaban partido sin disimulo por las opciones que preferían. (Almunia frente a Borrell, el aparato frente a los Guerristas). Recuerdo con hilaridad las crónicas rayando la fobia a Izquierda Unida de Rodolfo Serrano donde demostraba que, cuando odias lo suficiente a un partido, que te manden a cubrir su información sólo pone en peligro tu propio sentido del ridículo.</p>
<p>Desde luego, merecen mención aparte Forges, El Roto y otros autores gráficos cuya obra he admirado desde que era muy pequeño y cuyo nivel siempre ha estado muy por encima del resto del periódico.</p>
<p>Sin embargo, hace un par de años, decidí que no iba a volver a comprar jamás ese diario y que, salvo excepciones, no iba a consultar su página web NUNCA salvo en caso de extrema necesidad.</p>
<p>¿Por qué?</p>
<p><a href="http://www.jaimebartolome.es/wp-content/uploads/2016/06/cagadiña.png"><img class="alignright size-medium wp-image-234" alt="cagadiña" src="http://www.jaimebartolome.es/wp-content/uploads/2016/06/cagadiña-300x279.png" width="300" height="279" /></a></p>
<p>En primer lugar, porque El País había dejado de ser un referente de calidad hacía mucho tiempo. Se colaban erratas, faltas de ortografía en portada y todos los contenidos respiraban una cierta “dejadez. Eso ya había convertido su lectura en internet en un ejercicio de zapping donde uno iba de cabeza a los contenidos de “calidad” escritos por gente como Segurola, Enrique González o Txetxo Yoldi y su compra en un ejercicio muy ocasional que terminaba, casi siempre, con un mosqueo notable porque el periódico no valía ni el mísero euro que costaba.</p>
<p>Y entonces llegó el ERE. Y con el ERE, se destapó la caja de Pandora. Que nadie me entienda mal. Entiendo que una empresa pueda necesitar despedir empleados para sobrevivir y entiendo que el ERE es la herramienta adecuada para hacerlo. Pero también entiendo que lo que amenaza la supervivencia de un periódico son los inútiles, los ignorantes y los periodistas sumisos de manguito prieto y respuesta corta, no los figuras, los rompepelotas o los que se dejan los cojones en los tribunales cada día, intentando informar de forma veraz y completa.</p>
<p>Pero no, en el ERE de El País se echó mucho talento fuera y se dejó mucho mediocre dentro. Y además, como demostración de cómo se garantiza la supervivencia de una gran empresa en nuestro país, la directiva permaneció prácticamente igual. Los mismos tíos que habían hundido el periódico iban a encargarse de reflotarlo y, desde luego, todo el mundo sabe que un jet privado es esencial para dirigir un periódico en España, no vaya a ser que se te cuele una tilde en portada y no encuentres vuelo para huir a las Islas Caimán.</p>
<p>El ERE de El País fue una metáfora de la España que nos quisieron vender la “vieja guardia progre” a nuestra generación. Esa España donde el cine se veía “en el Canal Plus” y la información venía en el “Diario Independiente de la Mañana”.</p>
<p>Y, sin embargo, resultó que no.</p>
<p>Los Cebrián y compañía son el ejemplo exacto del tipo de empresario que debe desaparecer de este país si queremos, algún día, que la CEOE deje de dar vergüenza ajena 24 horas al día, 7 días a la semana. Sujetos cuyo único mérito es arrimarse al poder y gestionar sus empresas como el culo, a la espera de que sus contactos arreglen lo que su ineptitud y sus delirios de grandeza rompen cada tres o cuatro años.</p>
<p>Pero es que, además, ideológicamente, son los responsables de haber convencido a toda una generación de que el liberalismo consiste en arrimarte a empresas de amiguetes,  a los focos del poder y tratar de pillar todo lo que se pueda, haciendo que se legisle todo lo posible a tu favor y puteando a la competencia hasta donde el horizonte se convierte en los Pirineos.</p>
<p>Personalmente, creo que ha llegado el día de que El País entienda que sus lectores envejecen día a día, mes a mes, y llegará un día en el que se les mueran todos y sólo queden los hijos de Cebrián, el infausto avión privado y una cantidad indeterminada de dinero en cuentas más o menos grisáceas.  Y no, no estoy reivindicando aquí que Unidad Editorial y El Mundo sean un referente ético (De <i>La Razón </i> y ABC ni hablamos) pero sí digo que los referentes éticos de El País están muertos hace mucho tiempo y, mientras no los resuciten, servidor, ni pincha en sus enlaces, ni se lee las viñetas de Forges. ¡Y mira que las echo de menos, hostias!</p>
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		<title>Se busca equipo</title>
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		<pubDate>Mon, 30 May 2016 06:09:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Este pasado fin de semana millones de personas se han s [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Este pasado fin de semana millones de personas se han sentido morir –literalmente– o tocar el cielo en función del resultado de un partido de fútbol. He oído a mis vecinos gritarle al televisor, aullar por las ventanas y todos hemos visto a gente perfectamente normal dar muestras de un comportamiento que, examinado objetivamente, podría ser confundido con histeria colectiva o epilepsia.</p>
<p>Y sin embargo, éste no va a ser un post para criticarles, ni para decir que me parece mal toda la energía dedicada al fútbol, no.</p>
<p>A mí lo que me da todo esto es mucha envidia.</p>
<p>Pero mucha.</p>
<p>Porque jamás he conseguido sentirme parte de esas instituciones colectivas que hacen que la gente grite y se exalte. Ni el fútbol, ni el baloncesto, ni el ciclismo me han hecho nunca pegarle un grito al televisor. Pero tampoco unas elecciones han conseguido que me convierta en un ferviente defensor de tales o cuales siglas. Incluso cuando hice el esfuerzo de militar en unas de esas siglas para “participar desde dentro”, lo que mejor definía mis emociones hacia el partido no era “sensación de pertenencia” sino “extrañamiento”.</p>
<p>Incluso cuando me he manifestado –y lo he hecho en numerosas ocasiones– no he podido evitar sentirme incómodo cuando, al final de la manifestación, alguien ha leído larguísimos manifiestos en mi nombre y ha dicho cosas con las que yo podría estar o no de acuerdo pero por las que nadie me había preguntado.</p>
<p>Lo peor de todo es que no creo que esta distancia me convierta en alguien mejor sino todo lo contrario. Tengo amigos muy inteligentes que chillan y se desgañitan frente a un partido de fútbol. Conozco a gente a la que admiro profundamente que se adhieren a unas siglas y las defienden a capa y espada en twitter, Facebook y hasta en la cafetería de la esquina, donde tiene mucho más mérito porque el riesgo de que te partan la cara es real y no virtual.</p>
<p>He leído suficiente marxismo como para saber que mi individualismo es un subproducto del liberalismo imperante, que es una herramienta de la clase dominante para que, por más que me creen partidos en la primera persona del plural, a mí me salga la primera persona a secas. Y, claro, así no hay quien haga una revolución en condiciones.</p>
<p>Pero es que, por muchos esfuerzos por rebajar mis estándares, por ser menos crítico o por olvidarme del hecho de que el televisor es un objeto inanimado, jamás he conseguido sentirme parte de ninguna institución que estuviese formada por más de trescientas o cuatrocientas personas.</p>
<p>¿Tengo cura, doctor, o me voy buscando un equipo de Petanca para hacerme hincha, fanboy o como quiera que se diga ahora?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Molestias</title>
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		<pubDate>Sun, 22 May 2016 14:01:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“¡Qué coñazo el perro del vecino, todo el día ladrando!” pensó mientras trataba de concentrarse en su periódico dominical. Justo en ese momento, los niños de una terraza empezaron a jugar, a gritar y él sintió como su irritación crecía. “Quizás, después de todo, no había sido tan buena idea venirse a vivir a la periferia, donde todo el mundo parece empeñado en emplear su tiempo libre en hacer ruido, cuánto más, mejor”.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>“¡Qué coñazo el perro del vecino, todo el día ladrando!” pensó mientras trataba de concentrarse en su periódico dominical. Justo en ese momento, los niños de una terraza empezaron a jugar, a gritar y él sintió como su irritación crecía. “Quizás, después de todo, no había sido tan buena idea venirse a vivir a la periferia, donde todo el mundo parece empeñado en emplear su tiempo libre en hacer ruido, cuánto más, mejor”. Y, como si sus pensamientos hubiesen activado una conspiración secreta, dos vecinos se sumaron a la orquesta, uno con un taladro percutor marca Bosch de 800 Watios de potencia y otro con un híbrido entre bachata y el reaguetón que hacía parecer al primero la Filarmónica de Berlín.</p>
<p>Llegados a este punto, estaba completamente encabronado. Ni siquiera el artículo del día de Jímenez Losantos, un poco comedido para su gusto particular, había conseguido calmarle como otros domingos.</p>
<p>–¡¡María!!– gritó –Esto es insoportable. Tenemos que mudarnos.</p>
<p>María, mucho más joven y acostumbrada a sus ciclos de indignación, se sentó y se preparó para repetir la misma argumentación de cada domingo, con la esperanza de que esta vez fuese la última.</p>
<p>–Ramón, ¿recuerdas que no <span style="text-decoration: underline;">nos</span> mudamos sino que tú te empeñaste en que nos viniésemos aquí, pese a tu fobia declarada a los perros, a los niños y a la humanidad en general?</p>
<p>Ramón asintió a regañadientes.</p>
<p>–¿Y recuerdas lo que dijo el juez?</p>
<p>Ramón asintió de forma mínima</p>
<p>–En concreto, ¿qué parte recuerdas mejor?</p>
<p>Ramón se encogió de hombros.</p>
<p>– ¿Recuerdas la parte en la que te impone una orden de alejamiento que te impide volver a quejarte a los vecinos, a sus hijos, a los empleados del bar o al campo de fútbol de ahí al lado porque, en palabras del juez, “las molestias ocasionadas por sus repetidas protestas son muy superiores a las ocasionadas por las fuentes primigenias de ruido”?</p>
<p>Ramón ya no tenía ganas ni de asentir.</p>
<p>–Pero es que el vecino se ha puesto con el taladr…</p>
<p>–Ramón, el vecino usará el taladro porque tendrá algo que taladrar. ¡Nadie enciende un taladro para putear al catedrático de filosofía del quinto!</p>
<p>Ramón asintió y se hizo chiquitito.</p>
<p>–Ramón, tienes que poner fin a esto. No te pueden molestar los vecinos, los niños, los perros, los balones, las terrazas, la música… ¿Queda algo que no te moleste?</p>
<p>Ramón se lo pensó seriamente antes de responder pero finalmente lo hizo.</p>
<p>–Tú. Tú no me molestas.</p>
<p>María respiró hondo y le puso una mano en la frente, como si fuese un niño pequeño –¿Por qué no pones un poco de música?</p>
<p>Ramón, que a sus 58 años se sentía un poco pequeño, asintió y se dirigió hacia el equipo de música.</p>
<p>María miró a la terraza de enfrente, oyó a los niños gritar y pensó que quizás era mejor darle la noticia el lunes: “Cualquiera le dice ahora que tengo un bulto en el pecho”.</p>
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		<title>Ciencia Ficción (II)</title>
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		<pubDate>Mon, 16 May 2016 14:13:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[atrapado en el tiempo]]></category>
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		<category><![CDATA[música]]></category>
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		<description><![CDATA[–No sé cómo puedes escuchar esa basura, hijo mío– espetó Ricardo a su hijo,  sin levantar la vista del listado de tuits holográficos de la tarde.

–Déjame en paz, papá. Yo no te digo nada cuando oyes tu música de viejos– respondió el junior.
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Los auriculares permitían a cualquiera que estuviese a menos de diez metros a la redonda, distinguir el ritmo, la melodía y hasta la letra de aquella música infernal. Ricardito, ajeno a la mirada de su padre, se convulsionaba feliz al ritmo de la música.</p>
<p>–No sé cómo puedes escuchar esa basura, hijo mío– espetó Ricardo a su hijo,  sin levantar la vista del listado de tuits holográficos de la tarde.</p>
<p>–Déjame en paz, papá. Yo no te digo nada cuando oyes tu música de viejos– respondió el junior.</p>
<p>–Es que no tiene melodía, ni letra, ni nada. ¡¡Es todo lo mismo!!</p>
<p>En este punto, Ricardito miró a su padre y pensó “No tienes ni puta idea” pero no lo dijo porque sabía que, con su suspenso en programación, sus Apps de Ocio estaban a un clic de quedar bloqueadas hasta final de mes.</p>
<p>–Lo que tú digas– fue su lacónica respuesta.</p>
<p>–En serio: ¿Dónde están los instrumentos? ¿La percusión? ¿La melodía? Está todo ahí como mezclado.</p>
<p>Ricardito subió dos puntos más el volumen y confió en que su padre se aburriese pronto. Sin embargo, Ricardo padre ojeó de refilón la sección de economía y volvió a la carga.</p>
<p>–¿Sabes lo que era música de verdad? Lo que oíamos cuando yo era joven: Cumbia, Bachata, Reguetón… ¡El reguetón sí que era música y no la mierda esa del Cyber-Flosh que os tiene a todos medio idiotas!–</p>
<p>Y como si su espíritu adolescente se hubiese adueñado de él, Ricardo Senior se lanzó a tararear –A-ella-le-gus-ta-la-ga-so-li-na, Da-me-más-ga-so-li-na…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ricardito negó con la cabeza y pensó para sus adentros: “¿Gasolina? Estos viejos no tienen ni puta idea de música”.</p>
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		<title>Ciencia Ficción (O no)</title>
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		<pubDate>Sat, 07 May 2016 16:26:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[ciencia ficción]]></category>
		<category><![CDATA[distopía]]></category>
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		<category><![CDATA[tertuliano]]></category>

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		<description><![CDATA[–Entonces ¿Lo habéis entendido todos bien o tenéis alguna duda? –interpeló el Licenciado Cabrera a la veintena de adolescentes con granos que le miraban, empanadísimos, desde el fondo del aula, cada uno con la vista fija en su terminal táctil.

–Mirad que entra en el digitest de la semana que viene y luego no quiero dramas cuando actualice vuestra evaluación continua y se os bloqueen los terminales de ocio, eh. –La amenaza velada pareció surtir efecto y Andresito, que con sus 14 años más bien aparentaba 16, levantó la mano: –Yo no lo entiendo, Señor Cabrera.
]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Entonces ¿Lo habéis entendido todos bien o tenéis alguna duda? –interpeló el Licenciado Cabrera a la veintena de adolescentes con granos que le miraban, empanadísimos, desde el fondo del aula, cada uno con la vista fija en su terminal táctil.</p>
<p>–Mirad que entra en el digitest de la semana que viene y luego no quiero dramas cuando actualice vuestra evaluación continua y se os bloqueen los terminales de ocio, eh. –La amenaza velada pareció surtir efecto y Andresito, que con sus 14 años más bien aparentaba 16, levantó la mano: –Yo no lo entiendo, Señor Cabrera.</p>
<p>–¿El qué no entiendes, Andresito? –El licenciado Cabrera era conocido por ser durísimo en sus evaluaciones pero infinitamente paciente en sus explicaciones y aquella tarde de noviembre no iba a ser una excepción.</p>
<p>–Yo no entiendo por qué coinciden en el tiempo el nacimiento de Internet, las redes sociales y el nacimiento del Exabruptismo Simploide. No tiene sentido.</p>
<p>–Mira, Andresito, ahora que llevamos 180 años usando la red, hemos asimilado algunas cosas que, con ella recién descubierta, nuestros antepasados tardaron mucho en entender. En un mundo muy primitivo, donde no había interacciones digitales, descubrir que cualquiera podía publicar en internet hizo que la gente enloqueciese.</p>
<p>“La gente escribía lo primero que se le pasaba por la cabeza, sin pararse a pensar primero y, lo que era peor, esas opiniones escritas al tuntún, que luego se bautizaron como “exabruptos”, luego se compartían y se extendían por todo el mundo sin freno alguno”.</p>
<div id="attachment_197" class="wp-caption aligncenter" style="width: 310px"><a href="http://www.jaimebartolome.es/wp-content/uploads/2016/05/masquecine_el_roto.jpg"><img class="size-medium wp-image-197" alt="El Roto lo explica mucho mejor que yo en menos texto" src="http://www.jaimebartolome.es/wp-content/uploads/2016/05/masquecine_el_roto-300x200.jpg" width="300" height="200" /></a><p class="wp-caption-text">El Roto lo explica mucho mejor que yo.</p></div>
<p>–Qué barabaridad –comentó Inesita, que llevaba loquita por Andresito desde 3º pero no se atrevía a decírselo en el Educhat por miedo a que le marcase la interacción con un negativo.</p>
<p>El licenciado Cabrera siguió a lo suyo: –Pues sí, Inesita, pero lo cierto es que al principio la gente se empeñó en usar internet para hablar y pasaron muchos años antes de que la gente descubriese que era un medio estupendo para escuchar y, por lo tanto, para dialogar.</p>
<p>˝Piensa que venían de un mundo habitado por seres extrafalarios, los tertulianos, a los que los medios de comunicación unidireccionales pagaban por opinar sobre cualquier cosa, sin verificar antes su grado de conocimiento sobre la materia.”</p>
<p>–¿Y la gente les creía? –Preguntó Andresito que ni se había dado cuenta de que Inesita estaba concentrada en lo prietos que le quedaban los leggin vistos desde atrás.</p>
<p>–Sí, porque era más cómodo escuchar sin filtar que verificar la información que uno leía o difundía. De ahí que esta filosofía lleve el apellido “simploide”. También hay que entender que con jornadas de trabajo de 12 o 14 horas, a nadie le daba tiempo a mucho más.</p>
<p>La clase murmuró asombrada: aquello era más del doble de lo que trabajaban sus padres.  El licenciado detuvo el murmullo con un gesto y quiso dar por cerrada la explicación: –Lo importante de la filosofía del Exabrupto Simploide es que nos recuerda que la tecnología sólo es tan inteligente como el uso que hagamos de ella.</p>
<p>Eso podría volver a pasarnos a nosotros. De hecho, vosotros estudiáis asignaturas como ésta para desarrollar vuestro espíritu crítico y evitar que repitamos esos errores.</p>
<p>–Eso no es cierto, licenciado –interrumpió Andresito.</p>
<p>–¿Ah, no? Dime por qué es entonces, Andresito.</p>
<p>– Yo estudio filosofía crítica porque si no apruebo, se me bloquea el terminal de ocio y me quedo todo el fin de semana sin el Candy Crush Saga 2150 Edition.</p>
<p>El licenciado Cabrera suspiró hondo y fijó su vista en su terminal táctil mientras apretaba los dientes. Quedaba un largo camino por recorrer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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